#Encasa: Efectos multiescalares de la crisis. Feminismos y reconfiguraciones de la acumulación

Por Patricia Retamal y Geanina Zagal*

Estamos viviendo la pandemia de nuestra generación, un fenómeno nuevo para nuestros cuerpos, para las acciones cotidianas y para las velocidades en las que conducimos nuestras vidas.

El discurso de higiene hizo que quienes limpian, ahora tuvieran que limpiar más. Las protectoras innatas de la vida nuevamente esmeradas en disminuir al máximo los efectos de esta crisis. ¿En qué se traduce este amortiguamiento físico y mental realizado en su mayoría por las mujeres y niñas? En una sobrecarga de labores de cuidados, en una infinita repetición de actos que sostienen la vida y que, tras la cuarentena, son realizados exclusivamente en el hogar.

Coyuntura uno, la condensación de las contradicciones

Tras el 18 de octubre del 2019 el rechazo al modelo económico neoliberal en Chile sumaba su cuarto mes de movilizaciones sociales de norte a sur, involucrando a los movimientos sindicales, estudiantiles, feministas, ecologistas y de salud. Bajo la consigna “No son 30 pesos, son 30 años” amplias capas de la población manifestaron su descontento en el espacio público.

Los procesos de discusión política en los territorios a través de cabildos y asambleas barriales, instalaron una dimensión de la vida comunitaria hasta ahora casi totalmente bloqueada de la acción ciudadana. Este movimiento abrió la discusión por una nueva constitución, escrito fundante con el que la dictadura cívico militar de Augusto Pinochet consagró a Chile a vivir bajo el neoliberalismo, la cual representa el último enclave que resguarda al mercado y la productividad por sobre las necesidades de las personas.

La movilización social consiguió instalar el plebiscito para el mes de abril de 2020.  Sin embargo, el inicio de la fase dos de la pandemia Covid-19 detiene el proceso constituyente y nos sitúa en un escenario planetario de crisis, con 1,8 millones de personas diagnosticadas en todo el mundo.

Coyuntura dos. Crisis sanitaria y reconfiguración de los flujos del capital

Este nuevo escenario cuestiona el rol de los estados nacionales y las decisiones que se toman en torno a la crisis.  Hasta los sectores ultraliberales a nivel mundial han pedido soporte al Estado. El mercado se desdibuja en nuevos ordenamientos tecno digitales y escenificaciones de la explotación humana diferente, adaptada, llámese teletrabajo, llámese reponer mercadería en los supermercados y alimentar las cadenas de distribución de alimentos y servicios.

Tras el frenazo de las extremas velocidades de producción y flujo de mercancías a las que la última década nos acostumbró, los procesos de reconfiguración del extractivismo, de los racismos y de las violencias de género y de clase deberán ser seguidos y rastreados bajo nuevas codificaciones. Deberemos aprender a leer los intersticios por los cuales las élites nacionales buscarán apalancar sus intereses.

La destrucción creativa (Harvey, 2007) es uno de los procesos favoritos de las crisis, y hace referencia a dos momentos dialécticamente entrelazados, pero analíticamente diferenciables: primero, la destrucción (parcial) de disposiciones institucionales y acuerdos políticos vigentes, mediante iniciativas reformadoras orientadas al mercado, como por ejemplo, el proyecto de ley impulsado por el Ministerio del Trabajo, que busca suspender de manera temporal las negociaciones colectivas. Y segundo, la creación (tendencial) de una nueva infraestructura para un crecimiento económico orientado al mercado, la mercantilización de bienes y servicios y una normativa orientada al capital (Theodore, Peck y Brenner, 2009), como lo es pagar por una campaña comunicacional de 400 millones de pesos o arrendar Espacio Riesco por 25 millones de pesos diarios, en vez de utilizar dependencias deportivas municipales o gubernamentales.

Las crisis se sustentan de flujos permanentes de “destrucción creativa”, donde las élites reconfiguran un orden de producción, que por un lado merme la pérdidas económicas del gran paro, y por otro blinde los futuros escenarios donde las crisis sanitarias ocurrirán con mayor frecuencia.

En “La dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel”, Alexander Kojève (1986) narra las crisis como la oportunidad para que el esclavo en busca de la trascendencia, arriesgue la vida y salga de lo dado. Cuando escuchamos declaraciones como las del Director de la empresa de servicios financieros LarraínVial Asset Management, José Manuel Silva, “No podemos seguir parando la economía, debemos tomar riesgos, eso significa que va a morir gente”, nos hacen más sentido que nunca las palabras de Kojève

“El amo no puede nunca desprenderse del mundo donde vive, y si ese mundo perece, sucumbe con él. Sólo el esclavo es capaz de trascender el mundo dado y no perecer. Sólo el esclavo puede transformar el mundo que lo forma y lo fija en la servidumbre y crear un mundo formado por él en el que será libre” (p. 14).

Naomi Klein señalaba hace unos días, “la gente habla sobre cuándo las cosas volverán a la normalidad, pero debemos recordar que la normalidad era la crisis”.   Hoy mujeres y hombres de barrios con altos niveles de hacinamiento están expuestos a la pandemia. Aparece con fuerza la discusión sobre el tamaño de las viviendas, confinamiento y violencia, ¿cómo evitar el contagio en estas condiciones?, ¿quiénes son los responsables intelectuales de esta macabra forma de vida?

Cuestionamos la idea del virus como una anémona que no distingue fronteras. El virus es selectivo. Tiene marcas raciales y de clases, especiales sobre las mujeres y disidencias sexuales. Atenta contra personas enfermas y mayores, es decir, quienes menos “sirven” bajo la lógica productivista predominante.

No es lo mismo vivir el confinamiento siendo una chica inmigrante que acaba de quedar sin trabajo en un departamento de 32 metros cuadrados, donde no entra luz natural, sin balcón, que una persona joven con casa y patio, con un trabajo que puede ser realizado de manera telemática.

Feminismos desde los territorios

Frente a esta crisis planetaria los feminismos a nivel mundial han puesto las alertas. Primero, sobre el aumento de la violencia física sexual y psicológica en contra de mujeres y niñas en contextos de confinamiento. Ejemplo de ello es el aumento de un 25% de la descarga de contenido sexual de pornografía infantil en España. Y segundo, la sobrecarga del cuidado y la vulnerabilidad frente al empleo denominado informal, lo que agudiza la dependencia económica de la pareja o conviviente.

Chile no es la excepción y ya la línea 1455 del Ministerio de la Mujer ha incrementado su flujo de llamados en un 125% en los últimos 10 días.

Si algo hemos aprendido, es que tras las crisis, las primeras que ven retroceder los derechos obtenidos son las mujeres y disidencias. Nos preguntamos por ejemplo, frente a un sistema sanitario precarizado y mercantilizado como el chileno, ¿se cumplen los protocolos por aborto en tres causales bajo la alarma del virus? De acuerdo a datos del Ministerio de Salud (2019) uno de cada dos obstetras de hospitales públicos se declaró objetor en la causal violación sexual (50,5%), uno de cada cuatro en caso de inviabilidad fetal (28,6%) y uno de cada cinco en caso de riesgo vital (20,7%), en un contexto donde el número de casos por año se ubicaría entre 2.500 y 3.000[1]. La mayor proporción (alrededor de 2.000) correspondería a embarazos por violación.

El compromiso por la erradicación de la violencia de género debe ser individual y colectivo. Como señala Ana Falú estos días

“la ciudad silenciosa permite escuchar: en el edificio, en el barrio, en la manzana incluso, hay mayor nitidez de los sonidos, se escucha cuando hay golpes, cuando hay gritos. Entonces la importancia de promover más que nunca la vigilancia solidaria”.

Desde las geografías feministas nos preguntamos sobre el hábitat, los modelos de barrio y vivienda que se han ejecutado en Chile, donde se marginó a amplias masas de la población a vivir en el hacinamiento y la miseria. Es decir, necesitamos revisar nuestros modelos de desarrollo urbano pero también observar aquellas cuestiones cotidianas que estructuran asimetrías de poder entre hombres y mujeres.

Patricia Retamal G.
Profesora de Historia y Geografía, Universidad de Concepción. Magíster en Género y Cultura, Universidad de Chile. Estudiante Doctorado Territorio Espacio y Sociedad, Universidad de Chile y Coordinadora Dirección de Igualdad de Género de la misma Universidad.
Geanina Zagal E. 
Profesora de Historia y Geografía, Universidad de Concepción. Magíster en Género y Cultura, Universidad de Chile. Doctorado (c) de Geografía, Universidad Autónoma de Barcelona.

Referencias

Theodore, Peck y Brenner, (2009) Urbanismo neoliberal: la ciudad y el imperio de los mercados. Santiago de Chile : Ediciones SUR, V. 66.

Harvey, D. (2007) Espacios del Capital. Akal.

Kojève, A. (1986) “La dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel”. La Pleyade.

Klein, N. (2020). “How to beat coronavirus capitalism”. Disponible en línea.

Falú, A. (2020) “La pandemia: incertidumbres, violencias, cuidados y géneros”. Publicado por la Fundación Heinrich Böll.

[1] Informe de Monitoreo Social. implementación de la ley interrupción del embarazo en tres causales. Mesa Acción por el Aborto Chile. Descarga en línea.

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