Envejecer en la miseria: una de las causas de los suicidios en Chile

Por Javiera Fernanda Acevedo López

Arquitecta, estudiante de Magister en Hábitat Residencial, Universidad de Chile

El 05 de febrero de 2019 parte de la población chilena se conmovió con el suicidio de Elsa y Juan, una pareja de adultos mayores de más 80 años, quienes expresaron en una carta que “estaban cansados de vivir”. No obstante, los medios no le han entregado la atención que merece a este fenómeno en Chile, considerando que es una decisión por parte de los adultos mayores que va en aumento, y que se invisibiliza socialmente al igual que varias de sus causas.

La muerte ha pasado a ser una opción de obtener honor o dignidad ante situaciones de incertidumbre y precariedad que no pueden manejar los adultos mayores. No obstante, las instituciones no trabajan en cómo entregar una vejez esperanzadora, o en cómo entregar una vida digna y honrosa para que no busquen esa satisfacción en la muerte. No podemos continuar pensando en los suicidios de los adultos mayores como hechos aislados e inconexos, como tampoco podemos continuar invisibilizando que las condiciones de vida que el sistema entrega en la tercera y cuarta edad son paupérrimas, indignas y no permiten la reproducción de ésta.

Los adultos mayores de nuestro país han expresado a través de diferentes maneras que no poseen calidad de vida ni dignidad en la vejez, situación relacionada directamente con la precariedad de las pensiones que reciben como ingreso mensual. A marzo de 2019 ,según la Superintendencia de Pensiones, existen 458.251 pensionados por edad vejez (AFP – Pensión Básica Solidaria), con un monto promedio de $126.215 de pensión, y consideremos que la Pensión Básica Solidaria entregada por el Estado es de $107.304.- Estos son los valores que, en muchos casos, son el único ingreso mensual del que disponen los adultos mayores en nuestro país para responder a todas sus necesidades. Seamos realistas: nadie vive en Chile con esos ingresos, sólo la alimentación es una dificultad satisfacerla con esos montos. Además, no olvidemos que en esta etapa de la vida la salud decae considerablemente y los gastos médicos se elevan. Entonces, el Estado pretende que con la pensión de miseria deban pagar su vida completa, en un sistema que no les entrega igualdad de condiciones con los demás rangos etarios y que se aprovecha de su vulnerabilidad, incentivando el endeudamiento a través de créditos de consumo,  con el objetivo de que puedan sobrevivir.

Considerando lo anterior, es un hecho que el sistema de pensiones en nuestro país está obsoleto pero, ¿qué soluciones se han planteado desde el Estado de Chile y los privados? Para las generaciones actuales, incentivar el trabajo luego de la edad de jubilación y atrasarla, considerando que si morimos trabajando y produciendo, es mejor para el sistema neoliberal. Mientras que para las generaciones futuras, los nacidos desde 1996 en adelante, tendrán pensiones del 50% en relación a las de hoy. Para ellos se propone la posibilidad de que los padres, al nacer sus hijos, comiencen a ahorrar en la AFP para la vejez de sus recién nacidos.

No existe un interés real por mejorar la calidad de vida y la dignidad de las personas por parte del Estado y los privados en Chile y sólo siguen pensando en cómo hacer de nuestras vidas su negocio. ¿Qué hacemos como sociedad en este momento? La caridad de los otros grupos etarios es la medida paliativa que entregamos a la precariedad económica de los adultos mayores, pero aun no somos capaces de observar esto como una problemática multisistémica de la que todos somos parte, en la que todos sufriremos y que si no nos movilizamos por exigir dignidad en nuestra vejez, el Estado y sus alianzas público-privadas no nos la darán.

Situaciones como estas son las consecuencias de vivir en un sistema que nos absorbe y nos individualiza, nos enseña que debemos poder trabajar hoy, para lograr satisfacer nuestras necesidades inmediatas. Somos productibles, usables, y ojalá lo seamos la mayor cantidad de años posibles. Pero cuando el paso del tiempo y la vejez llegue inminentemente, ¿qué pasará con nosotros?, ¿tenemos derecho a vivir dignamente?, ¿tenemos derecho a ser tratados como seres humanos? El suicidio de los adultos mayores es un fracaso más que tenemos como sociedad y del sistema neoliberal que reproduce y promueve la transición demográfica, pero que no considera a este grupo etario como parte viable de la población, y en muchos casos, ni seres humanos dignos de poseer calidad de vida.

A los lectores de esta columna, en relación a la precariedad en la vejez y reflejados en el caso particular de Elsa y Juan, ¿piensan que el Estado de Chile pudo haberles entregado más opciones que la pistola en la cabeza? Este tema ya no puede esperar, debemos exigir una vida digna, y esperemos que cuando lleguemos a esa edad tengamos más opción de decisión sobre nuestras vidas que las que tienen hoy los adultos mayores.

 

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