Villa San Luis: integración, memoria y derechos humanos.

Por: Javiera Martínez y Fernando Toro

Fotografía: Dr. Ricardo Tapia Zarricueta

La mañana del  24 de Junio del 2017, la inmobiliaria Presidente Riesco inicia faenas para la demolición de los últimos dos bloques de la Villa San Luis de Las Condes. Sin medidas de seguridad ni exhibir los permisos necesarios, y ante una inminente declaratoria, una ilícita, indolente e inerte retroexcavadora agrede el hormigón de forma aleatoria ¿Puede ser la memoria derrumbada? Tal como lo hubiera iniciado el alcalde Lavín décadas atrás, el objetivo era la demolición de los últimos vestigios de la ex Villa Ministro Carlos Cortés, hoy Villa San Luis. Esa mañana, sólo la llegada del Comité en Defensa de la Villa San Luis permitió que la informal faena se viera detenida. Días después, el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) declara el lote 18A como Monumento Histórico Nacional.

Casi exactamente dos inviernos después, un 26 de Junio del 2019, El CMN, único órgano del Estado que tiene la facultad de promover y proteger nuestros atributos patrimoniales, toma la decisión de anular la declaratoria. Esto, no sólo con el objetivo de demoler el último de los 27 bloques (bloque 14) construidos en la Unidad Popular que entregaba soluciones habitacionales dignas e integrales a la clase trabajadora, si no también, acordar con la inmobiliaria un reducido espacio de 500 m2 (15% del paño declarado) para conmemorar a las víctimas del desalojo, y de esta manera, dar paso al millonario negocio inmobiliario que consolida el barrio económico y financiero más grande del país y uno de los más grandes de América Latina.

Más allá de los desafíos normativos y legales en materia patrimonial ya bien analizados por Gertosio en este blog[1], quisiéramos acá discutir la fundamental relevancia que tiene este espacio para el momento que vive nuestro país y el mundo en el frenético contexto económico y político actual ¿Qué representa nuestra Villa San Luis?

Política habitacional de integración y luchas sociales

Realizada en una época donde la fuerza de los trabajadores estaba por construir un Chile diferente, una sociedad más justa y una vida digna para las personas. No hay conjunto de viviendas en Chile que, destinado a los sectores más desfavorecidos, tuviera tal cantidad y diversidad de unidades junto a su calidad arquitectónica[2], acceso a servicios y provisión de espacios públicos.

Este emblemático proyecto buscaba acabar con la segregación social, hoy crítica en nuestras ciudades, enarbolando una integración digna en términos urbanos[3] y materializando una forma de producción social de ciudad pensada desde las personas y bajo una política habitacional con enfoque de derechos. Opuesto a lo implementado hoy en Chile, donde el Ministerio de Vivienda y Urbanismo se precipita y tropieza para cumplir con las exigencias y expectativas de la Cámara Chilena de la Construcción y las expectativas de crecimiento económico. ¿Cómo le explicamos a las futuras generaciones que la vivienda en Chile no es un derecho, si no un mecanismo de acumulación de capital a cualquier costo?

El proyecto de la Villa San Luis, encarna entonces no sólo una solución habitacional integral por la que muchas organizaciones, movimientos, agrupaciones y comités de allegados están luchando a lo largo de Chile y América Latina en el nombre del derecho a la vivienda y la ciudad, si no también, una época en la cual se hacían realidad.

 

De la memoria de las personas a la memoria de los lugares

De las 1038 familias que fueron beneficiadas por el proyecto de la Villa San Luis, casi la totalidad de estas fueron desalojadas de manera ilegal. Militares y camiones de basura ingresaron al terreno y quienes tuvieron mejor suerte fueron llevados a viviendas semidestruidas en poblaciones ubicadas en la periferia de nuestra ciudad. Los demás, olvidados en sitios eriazos o campamentos repartidos en los extramuros. La vida debía comenzar nuevamente.

Han pasado cuatro décadas desde aquellos días. El bloque 14, aun resistiendo, representa solitaria pero estoicamente la lucha de quienes han tenido que vivir con esta injusticia. La conmovedora alegoría del bloque 14 (como sociedad) resistiendo ante la retroexcavadora (como modelo) que persiste en despojarla de sus derechos, invita justamente a cristalizar la memoria ¿Cómo materializar la memoria de un espacio con tal carga?

Sin lugar a dudas el bloque 14 es un escenario especialmente controvertido para dichos objetivos. La reparación y habilitación de esta estructura rodeada de una selva de acristalados rascacielos donde transnacionales realizan sus operaciones financieras desterritorializadas, son el escenario ideal para un espacio público de encuentro, conmemoración y aprendizaje. Para que nunca más y para no olvidar.

De la violación a los derechos humanos a la justicia

Posiblemente el crimen urbano más grande ocurrido en nuestro país. La violación a los Derechos Humanos acaecidos en este caso no han sido reparados aún ni reconocidos por el Estado. El sin número de vulneraciones por las que pasaron las familias no han sido reparadas, y si bien, cuantificarlas y materializarlo es una tarea pendiente, el primer paso y quizás más importante es la preservación de este espacio, tal como ha sido señalado por las vecinas y vecinos.

Una tarea pendiente en nuestro país, que justamente se debería estar tramitando en el parlamento es avanzar al reconocimiento del despojo de bienes y otras dimensiones como violación a los derechos humanos ocurridos en dictadura. Este proceso debe ser acompañado de acciones concretas y ejemplificadoras, y la construcción de un sitio de memoria digno que avance en reconocer estos actos, son fundamentales para avanzar como sociedad.

Por todas estas razones el bloque 14 debe permanecer en pie, la declaratoria no debe disminuir sus metros cuadrados y el CMN debe revocar su decisión. Una demolición sería un grave atentado no sólo para la memoria de las familias, si no también, para quienes creemos en los derechos humanos y en políticas habitacionales justas. La Villa San Luis debe ser un sitio de reivindicación ante los descoloridos palacios financieros insensibles a la injusticia y la desigualdad, siendo este espacio un soporte para nuestra memoria, que le entregue dignidad a pobladores de todo Chile, representando la convicción de diversas luchas que la sociedad debe asumir y recordando a toda la población cómo avanzar a ciudades más justas.

[1] Ver Gertosio, R. “Villa San Luis o la insoportable levedad del Patrimonio en Chile”. Invitro, Instituto de la Vivienda, 10 de Julio 2019. https://invi.uchilefau.cl/villa-san-luis-o-la-insoportable-levedad-del-patrimonio-en-chile/

[2] El conjunto fue coordinado por la CORMU, dirigida en ese entonces por el Premio Nacional de Arquitectura 2019 Miguel Lawner, y materializada por la constructora del Premio Nacional de Arquitectura 1997 Cristián Fernández Cox.

[3] Integración en múltiples dimensiones, en contraste al entendimiento de la integración socio-residencial sólo como la mezcla de grupos socioeconómicos.

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