No estamos en guerra. Estamos resistiendo, hasta que la vida valga la pena

Por Rebeca Silva*

El movimiento del torniquete nos ha despertado. Este estallido que retumba en nuestros corazones es gracias a todas y todos esos jóvenes secundarios que una vez más despertaron a la sociedad logrando levantar la lucha por la dignidad y la justicia como un derecho fundamental e inquebrantable. Hemos asistido estos días a la expresión de una de las crisis políticas y sociales más fuertes de la historia de Chile, como observadores pero también como protagonistas. Esta crisis no es de los otros, no es solo ya de los excluidos, esta crisis es expansiva y nos interpela revelando la profunda fisura en la estructura política, económica y cultural que revela nuestra sociedad.

Cuando el estado desatiende las demandas por nuestros derechos, los más básicos: educación pública, salud pública, sistema de pensiones público, transporte público y otras demandas sociales entonces, se hace urgente desobedecer. Hoy nuestro país despertó y reconoció que así no vale la pena la vida.

¿Qué de nuestro quehacer es interpelado en este proceso cómo productores de ciudades? Producir ciudades es el centro del discurso de muchos planificadores que desean aportar a la construcción de ciudades más sustentables, más inteligentes, más inclusivas, más bonitas y eficientes. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros nos preguntamos realmente qué ciudad queremos?, y más aún, esos modelos de ciudad ¿abordan las desigualdades?, ¿a quiénes nunca se les considera a la hora de planificar?  El modelo económico puede crear ciudades, pero no puede activarlas inclusivamente.

La ciudad no es expansiva y esta disputa es por el derecho a tener derechos. Derechos negados, borrados e invisibilizados sistemáticamente y que debemos conquistar.

Hasta que la vida valga la pena, o hasta que en dignidad podamos vivir en un país más justo e inclusivo para mujeres, hombres, disidencias, abuelos, abuelas niños y niñas, jóvenes, migrantes, pueblos indígenas y afrodescendientes, todas y todos.

Ya  no es la sola reivindicación social, es la lucha por la justicia y la equidad de quienes habitamos en este territorio hoy. Más allá de las declaraciones, debemos aceptar el cambio y propiciarlo. La fuerza política de este movimiento surge de la demanda social por ejercer nuestros derechos. Hasta que la vida valga la pena y no nos dé pena vivirla.

 

**Académica INVI FAU, senadora universitaria, Universidad de Chile

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