Segundo lugar convocatoria de columnas: “Vulnerabilidades ante incendios y el desarrollo de Valparaíso”

Por Guillermo Piñones Aguilera*

Los desastres no son naturales, son producto de condiciones de riesgo, vulnerabilidad social y limitaciones de la comunidad para reducir eventuales impactos. En el caso de los incendios forestales-urbanos que han afectado a Valparaíso, la evidencia reafirma lo anterior.

Entre 1998 y 2017, la superficie quemada por incendios forestales-urbanos en la comuna, equivale a un tercio del total de esta. En los últimos 5 años, se han generado los incendios de mayor impacto a la población. Ejemplo de ello es el ocurrido en los sectores altos de Placeres y Rodelillo durante febrero 2013, afectando a 284 viviendas. Un año después, el considerado “incendio urbano más grande de Chile”, en abril 2014, afectó a 2998 familias y, el de Playa Ancha Alto, en enero del 2017,  afectó a 326 familias. Desde aquel incendio del 2013, Valparaíso cobra notoriedad mediática a nivel nacional, develando una cara oculta tras la fachada del Valparaíso patrimonial, que por más de una década se había ido instalando.

Tal fue el impacto del “mega-incendio” del 2014, que junto a la urgencia por atender a la reconstrucción, se dispuso de importantes recursos que motivaron una carrera por proponer diagnósticos, planes de rehabilitación e intervención. De ellos, pocos casos fueron acompañados con orientaciones de desarrollo articuladas socialmente, acordes a la comuna y con instrumentos que hicieran posible tal inversión. A su vez, aparecieron lecturas sobre un Valparaíso que se quema desde sus inicios como asentamiento, sobre sus condiciones “naturales” para los incendios, sobre el déficit de infraestructura urbana e incendios que nacen desde “lo rural” y amenazan a “la ciudad”. Aspectos ampliamente mencionados, pero que en su generalidad, apuntan a distintas interpretaciones, tanto del problema como del quehacer para enfrentar a fondo esta amenaza latente.

Del análisis realizado por el equipo municipal del Plan Maestro para la Gestión del Riesgo de Incendios Valparaíso, es posible ir despejando algunas interpretaciones. Según la base de datos de CONAF, entre 1998 y 2017, el 72% de los incendios han tenido como combustible de origen el pastizal, el 12% a eucaliptos, un 6% a desechos forestales, un 4% a matorrales, entre los más relevantes. Solo un 0,2% en microbasurales, cobrando relevancia como combustible en el momento de la propagación del incendio. A su vez, en cuanto a ubicación de referencia, el 80% de estos incendios se generan en vegetación próxima a caminos primarios, secundarios y senderos. Si a lo anterior, agregamos que el 55% del total de focos de incendios están dentro del límite urbano de la comuna, es decir, Valparaíso, Placilla de Peñuelas y Laguna Verde, podemos plantear un primer panorama respecto a la generación de estos incendios. Estos mayoritariamente no se originan en el área rural y avanzan, sino que se originan en presencia de vegetación sin manejo dentro del área urbana, en las zonas de expansión, de crecimiento de viviendas y proyección de vías.

Al analizar la superficie quemada, el primer análisis a destacar fue la correlación con factores atmosféricos y ambientales. Además del conocido factor 30-30-30, temperatura, humedad y nudos, se evidenció que los peaks de superficie quemada por año eran antecedidos por uno con alza de precipitaciones, lo cual corrobora la relación de existencia de volúmenes de vegetación para la propagación del incendio. A su vez, en cuanto a ubicación, los incendios de mayor extensión se han ubicado principalmente en el área de interfaz urbano-forestal, siendo considerada ésta como el encuentro entre la vegetación continua y edificaciones urbanas. Esta designación ha permitido identificar cuatro tipos de interfaz, donde si bien las características de urbanización son distintas y, por ende, los incendios presentan diferencias, es posible de identificar un denominador en común; ocurrido un incendio en el área de vegetación de la interfaz, área que comienza a ser urbanizada y/o habitada, ya sea formal como informalmente. No hay antecedentes suficientes para asumir intencionalidad, pero sí queda clara la presión sobre la necesidad de suelo para habitar, situación que arrastra la comuna por años.

La principal conclusión se comienza a definir: mientras que la superficie quemada responde tanto a características físicas-ambientales del territorio como a la capacidad de respuesta de las instituciones, la generación de focos de incendios responde a factores sociales; hábitos, prácticas, condiciones y preparación de los habitantes.

Los antecedentes de causalidad y vulnerabilidades señalados, ponen nuevamente en cuestión que las capacidades institucionales para abordar estos desastres sean en la práctica y casi en exclusivo reactivas, es decir, basadas en la respuesta ante emergencias. En menor medida correctivas, que permiten reducir riesgos existentes y casi inexistentes, prospectiva, es decir, que eviten la generación de nuevos riesgos. A su vez, nos invitan a otro cuestionamiento, si los desastres son producidos por vulnerabilidades socioambientales, ¿por qué las limitaciones a la comunidad para incidir en el ordenamiento y desarrollo del territorio?

* Coordinador del Plan Maestro Incendios, Municipalidad de Valparaíso.

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