Quinta Monroy HOY. Por César Orellana

Por César Orellana M. Bibliotecólogo.CED3OC-INVI.

El hábitat residencial constituye el resultado de un proceso en permanente conformación de lugares en distintas escalas referidas al territorio, que se distinguen por una forma particular de apropiación, dado por un vínculo cotidiano con unidades de experiencia singulares, potenciando relaciones de identidad y pertenencia, a partir de lo cual el habitante lo interviene y configura[1]

Independientemente de cualquier elucubración personal, el premio Pritzker entregado hace unos días a Alejandro Aravena ha puesto en relieve el tema de la vivienda social y ese es sin duda su mayor mérito más allá del que representa su obra misma, ya que a pesar de lo que contrariamente muchos creen, en especial las nuevas generaciones, este tema no es para nada nuevo en Chile y más bien goza de una rica y vasta tradición que se remonta a los albores del siglo XX, historia que merece ser estudiada una y otra vez para comprender de mejor forma los aspectos vinculados al “hábitat residencial”, objeto de estudio del INVI y que como fenómeno resulta algo más complejo de entender que el diseño de viviendas propiamente tal y que dice relación con el variado número de interrelaciones que se dan en este proceso, definido -entre muchas otras aristas- como “el ambiente físico–espacial y social generado por el asentamiento de un conjunto de personas en un área específica de la ciudad[2]”.

Durante mi última estadía en Iquique en febrero último, decidí conocer la tan aclamada y célebre Quinta Monroy, conjunto de viviendas sociales emplazadas en el pleno centro de la ciudad y que entre algunas de sus otras obras le hicieron ganar el premio equivalente al “Nobel” u “Óscar” de la arquitectura mundial -como se ha dicho irrepetiblemente en los medios- a su creador, fundador además de la empresa o do thank [3]Elemental[4], la que viene dar una solución habitacional “abriéndole las puertas a la gente ante la escasez de tiempo y dinero que tienen los gobiernos para resolver el problema de vivienda social[5]” según palabras del propio arquitecto.

Quinta Monroy nace por la necesidad de radicar a 100 familias que por 30 años habían Estado ocupando ilegalmente un terreno de 0.5 hectáreas en el centro de la ciudad de Iquique[6]” y se enmarca dentro de lo que se llamó el programa de Vivienda Social Dinámica sin Deuda (VSDsD), orientado hacia personas sin capacidad de endeudamiento y que en términos prácticos se les otorgó el equivalente a 300 UF o US$7.500, (hoy unos $5.250.000) para subsidiar los costos de suelo, urbanización y construcción[7] de “media vivienda buena[8]” de 30 metros cuadrados susceptibles de ser ampliada por los propios habitantes (de ahí deriva lo dinámico). Revisando la bibliografía ampliamente difundida sobre esta materia, la solución habitacional de Aravena se enmarca conceptualmente dentro del denominado Modelo de Desarrollo Progresivo propuesto por Edwin Haramoto en 1987 basado en el modelo de autoconstrucción y que como tal “debe crear las condiciones para una participación activa del habitante, sustentada en la autoconfianza en sus medios para resolver problemas y en su capacidad de gestión[9]. Nada hacía presagiar que de dicha premisa iban a desarrollarse mecanismos de apropiación del espacio fuera de todo control ya que ante todo y en esa entonces existía de modo subyacente un Estado protector, que mantendría cierto orden, pero ello no fue definitivamente así en la llamada “Corea del Norte del Capitalismo”[10] y la libre competencia es total en todas las esferas y en todo ámbito.  Sin duda que se cumplen a cabalidad muchos de los fundamentos neoliberales en esta propuesta desarrollada por el galardonado y su oficina Elemental, por tres motivos fundamentales:

Falta de Estado:  compromiso a medias del Estado en la financiación, del mismo modo que sostiene Fabián Barros en su crítica[11] sobre el mismo tópico en que “bajo una reducción del problema a dinero por m2, Aravena concluye que ante la ausencia de financiación por parte del Estado, no es posible dar 80 m2 de calidad, por lo tanto la solución es dar la mitad”, o sea el Estado no se compromete a resolver totalmente una necesidad básica del individuo como es la vivienda o retrae su participación dejando a la iniciativa privada de los habitantes que sustituyan las carencias que ello conlleva, del mismo modo en que ha ocurrido en otros departamentos de la vida nacional, como en educación o salud, con las consabidas consecuencias en términos de calidad. Este elemento tiene su raíz claramente establecida por derecho constitucional, donde la vivienda de concibe como derecho, pero siempre y cuando sea sustentado sobre el esfuerzo personal y el ahorro metódico, donde Estado y particulares comparten la responsabilidad para producirla. Respecto a esto último cabe consignar que paradojalmente en la esquina de calle Diego Portales con Avda. Salvador Allende (Ex Soldado Pedro Prado) y Galvarino[12] de Iquique se emplaza ahora un nuevo edificio de dieciocho pisos de departamentos cuyo valor es a partir de 2000 UF[13], contrastando fuertemente ambas realidades económicas, donde en una misma cuadra conviven ahora el conjunto social de Aravena con el modelo imperante de vivienda del Chile de hoy: el de las inmobiliarias y el endeudamiento de miles de familias.

Individualismo: En Quinta Monroy se reproduce a la perfección el germen de este fenómeno, a todas luces muy ilustrativo de cómo el modelo neoliberal se ha consolidado en Chile, donde se privilegia y reconoce el logro personal por sobre el colectivo, todo debido a que “la cultura de consumo modificó nuestros valores y aspiraciones: hoy la fama, el dinero y la imagen son primordiales en nuestra escala valórica[14]”, prueba de ello es la diversidad de ingeniosas soluciones a la construcción de “la otra mitad”, probablemente motivada en los pasillos  del Homecenter y en querer llamar la atención, con una consecuente heterogeneidad de colores y formas, tanto para las necesidades que cada familia posee y debe cubrir o moldear de seguro legítimamente, como en la disímil muestra de estilos y decoración, y que es ya parte fiel de nuestro disparejo folclor arquitectónico nacional, ya que digámoslo, conjuntos de este tipo abundan en todas partes, como las conocidas casas “chubi”, por ejemplo.

Desigualdad: siendo desde sus orígenes muy rica en su tradición la historia del vivienda social en Chile hay algo que no cuadra en esta experiencia de Elemental y que dice relación justamente con el principio de igualdad -defendido a ultranza por el autor en las últimas ceremonias- ya que desde los primeros intentos de leyes u ordenanzas, la ley de habitaciones obreras de 1906, pasando por la ley de arrendamientos y la normativa de habitaciones baratas de 1925, la ley de fomento de la edificación obrera de comienzos de los años 30 y la caja da habitación popular, la época de oro de la Corporación de Vivienda CORVI y los planes habitacionales en 1950 y la labor de la CORMU[15] siempre estuvo presente en el accionar del Estado, otorgar más que una solución habitacional -concepto desde ya invocado con un sesgo de transitoriedad- una vivienda definitiva, con señales de dignidad y cuyas características de definición y confort permitieran al individuo terminar con una necesidad latente y pudiera enfocarse a partir de lo resuelto en su diario vivir, en mejores condiciones. Muy lejos de aquello Aravena le plantea de inmediato al habitante un nuevo problema, como es, el modo de terminar su casa y procurar los medios para hacerlo, en situaciones sabemos no igualitarias incluso con sus mismos vecinos y de evidente desmedro dada su humilde procedencia.

Dados estos elementos nos encontramos con que esta “media vivienda buena” responde exactamente al modo con que el cada vez más extinto Estado chileno resuelve los problemas sociales críticos como la educación y la salud: dejándole la principal responsabilidad al privado y su libre capacidad de autofinanciación.  En este sentido, recordemos que la vivienda social por definición es “social” en cuanto se puede entender como aquella destinada a mejorar la situación habitacional de los grupos más desposeídos de la sociedad[16], lo cual dista mucho de ser una realidad en Quinta Monroy por cuanto la novedad de su proyecto es que sus casas pueden cambiar a medida que la familia incremente sus oportunidades económicas[17], aspecto de por sí evidentemente desigual y cuyas repercusiones son más que palpables a más de doce años de su entrega. Convengamos también que el proceso habitacional “no termina con la construcción de un determinado espacio urbano sino que continúa, pues el hábitat residencial se transforma a medida que los habitantes intervienen en él[18] y en el caso de Quinta Monroy la diversidad de  motivaciones individuales son explícitas, contrariando esa uniformidad que le confirió el autor a la entrega del proyecto original, muy “seca” si se quiere, como el mismo lo llamó, aun cuando reconozcamos estaba plenamente consciente del riesgo que este proyecto involucraba al estar inmerso en “un entorno con una alta probabilidad de ser caótico[19]”.

Considero relevante por último abordar este conjunto habitacional con una mirada crítica y evaluar los factores físico espaciales y psicosociales del emplazamiento de su entorno a modo de determinar el bienestar habitacional de sus moradores en pos que pudiese determinarse con rigurosidad su modo de un buen “habitar”, en definitiva, en el amplio sentido del término, a saber, determinar con exactitud el nivel de indicadores tan relevantes como la cantidad de áreas verdes, espacios residuales, equipamiento, áreas de reserva, la presencia de elementos como pasillos y accesos a viviendas y su contribución al control del espacio, configuración lineal o concéntrica, la relación de la actividad en vivienda y su entorno o su ausencia, control y compartimentación del espacio, la dificultad de relación con vecinos, seguridad residencial, nivel de enrejamiento y sobretodo percepción sobre la vivienda[20], elementos que en esta solución de Aravena, parecieron proyectarse sólo “a medias”  (ya que se entrega en rigor “media vivienda”) y que ineludiblemente deben ser revisados.  En ello hay una clara admisibilidad de lo impredecible del factor humano frente a cómo resuelve sus necesidades básicas en un contexto cada vez más competitivo en lugar de solidario.  Una vez determinado el valor de todas esas variables con base en el diseño y si éstos han ido aparejados del llamado factor de “incrementalidad[21]”,  pero esta vez en la calidad de vida de sus habitantes hablemos de vivienda social como propiamente tal, así las cosas, sólo estamos frente a un buen proyecto de innovación. No alcanzó más que para “media” casa, peor es nada, made in Chile.

[1] INVI (2005). Documento docente magíster en hábitat residencial, p.4

[2] De la Puente Patricio; Muñoz Salazar, Muñoz Salazar, Patricia y Torres Rojas, Emilio (1989). Un marco conceptual para la definición de hábitat residencial urbano. Editorial Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales.

[3]Concepto elaborado por Elemental para su autodefinición, que se contrapone o complementa la idea del think thank tradicional asociado a grupos de expertos de investigación en una determinada área.

[4] http://www.elementalchile.cl/about/

[5] La Tercera, 05 de abril 2016. Disponible en http://www.latercera.com/noticia/cultura/2016/04/1453-675316-9-alejandro-aravena-necesitamos-calidad-no-caridad-profesional.shtml

[6] http://laboratoriovivienda21.com/magazine/?p=133

[7] Aravena, Alejandro, Montero, Alfonso, Cortese, Tomás, de la Cerda, Emilio, & Iacobelli, Andrés. (2004). Quinta Monroy. ARQ (Santiago), (57), 30-33. Recuperado en 11 de abril de 2016, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-69962004005700007&lng=es&tlng=es. 10.4067/S0717-69962004005700007.

[8] La Tercera, op.cit.

[9] Haramoto Nishikimoto, E., Chiang Miranda, P., Sepúlveda, R.  y  Kliwadenko Treuer, I. (1987). Vivienda social: Tipología de desarrollo progresivo. Disponible en http://libros.uchile.cl/492 p. 124

[10] http://www.puntofinal.cl/781/ricarte781.php

[11] http://dpa-etsam.aq.upm.es/gi/arkrit/blog/la-desigualdad-es-elemental-conjeturas-ideologicas-para-una-critica-a-quinta-monroy/

[12] http://laboratoriovivienda21.com/magazine/?p=133

[13] http://www.guzmanylarrain.cl/proyectos/portales_2040/index.php

[14] http://diario.latercera.com/2011/11/05/01/contenido/tendencias/26-89310-9-cada-vez-mas-individualistas-asi-estamos.shtml

[15] Hidalgo, R. La vivienda social en Chile y la construcción del espacio urbano en el Santiago del siglo XXI

[16] Glosario INVI, p.44

[17] Revista Caras, 04 de abril 2016. Disponible en http://www.caras.cl/sociedad/el-arquitecto-social/

[18] Campos y Medic (2014). Hábitat Residencial Instrucciones de Uso.

[19] Aravena, Alejandro, Montero, Alfonso, Cortese, Tomás, de la Cerda, Emilio, & Iacobelli, Andrés. (2004) op.cit

[20] Jirón M., Paola. [et al]. 2004. Bienestar habitacional: guía de diseño para un hábitat residencial sustentable. Santiago, Instituto de la Vivienda FAU U. de Chile. 123 p.

[21] La Tercera. Op cit

 


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One thought on “Quinta Monroy HOY. Por César Orellana

  • el 1 agosto 2016 a las 9:59
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    César me parece muy acertada tu visión sobre la realidad de estas “medias viviendas buenas”, existen casos en otras ciudades de nuestro país donde se replican los mismos conceptos y problemas, donde el contexto social en que se insertan no hace otra cosa que incrementar la desigualdad entre vecinos, los cuales – en vez de sentirse partes integrantes de una comunidad – se ven diferenciados de sus pares por sus circunstancias, al no poder terminar la otra mitad de la vivienda, pesar con el que conviven a diario. Quizás debamos mirar desde otro prisma estas viviendas y preguntarnos qué sucede, después de 5 años, con las familias que habitan en ellas. No todo termina en el momento de entregar las llaves y cortar la cinta. Aún dentro de los conjuntos Elemental se dan diferencias y segregación social, lo que resulta paradójico, en vista y consideración de su objetivo como modelo innovador de soluciones habitacionales, o en este caso, de medias soluciones. Excelente tu columna!

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