La conquista de sitio: La importancia del afuera

Por Carime Aguilera Palma -y Carolina Novo-Boza

 

‘‘Ninguna persona normal está dispuesta a pasarse la vida en un refugio artificial, incluyendo personas normales y niños. Todo el mundo debe usar las calles’’

Jane Jacobs, 1973

 

Aún persiste una deuda respecto a la vivienda social, y a la vivienda en general. La implantación masiva y homogénea de tipologías han generado la creación casi forzosa de poblaciones socioeconómicamente similares, las que se caracterizan por su discontinuidad con el tejido preexistente.

Respecto a la vivienda social, la promesa de la casa propia con patio y jardín, se olvidó de la disposición espacial como factor importante para construir en su habitar (Rodríguez y Sugranyes, 2004). Los temas de la calidad del entorno, la localización, y mejor dicho, el diseño de los barrios, aún siguen ausentes en los predicados de la política habitacional actual.

Mientras tanto, los pobladores siguen esperando y recibiendo “la casa que les toca”, en donde la similitud de estas se ve como una oportunidad de cambio y pertenencia, en la cual persiste el sentido de conquistar su espacio, ejerciendo distintas prácticas en su vivienda desde la puerta hacia afuera, generando identidad y una memoria popular. Esto se basa en la producción de lealtad con el espacio en donde se reside (Ibáñez, 1996). Por ello, es que no deben negarse las prácticas de cambio en nuestra vivienda, lo que debe negarse es el habitar estéril que éstas nos entregan.

En estos barrios “collage”, llamados así debido a la sumatoria de piezas distintas y deficientemente conectadas (Orellana, 2013), en conjunto con el olvido de los barrios, muchas veces se ha creado un estigma visual de los mismos; desde donde se rescata a su vez, su mayor fortaleza, la conquista.

La existencia de terrenos baldíos, sitios eriazos y quizás la misma periferia, es donde la comunidad reconoce el espacio como suyo y donde el espacio social se proyecta en el espacio físico.

Imagen 2

 

Sin ir más lejos, el fiel reflejo de este comportamiento lo encontramos en la Población La Portugal, en la Región de Coquimbo, emplazada en una periferia en donde una serie de viviendas sociales, ahora, con distintas particularidades, confluyen en un elemento geográfico periférico: la quebrada, un hito paisajístico que desempeña un papel primordial de asentamiento en el barrio y entre barrios, generando un lugar de encuentro con el otro y de vínculo con el territorio como objeto de significado.

 

Imagen 5

 

Este elemento geográfico se activa y se habita con una serie de canchas deportivas emplazadas in situ, donde los vecinos de diferentes barrios convergen y se convierten en participantes y espectadores de las actividades, habitando la pendiente de la quebrada, generando instancias de encuentro y celebración, al tiempo de generar la creación de una plaza de bolsillo, un espacio espontáneo generado por la vecindad que se hace protagonista como una especie de gradería, acondicionada como un espacio de estancia.

 

Imagen 4

 

Es necesario presentar el espacio público como una extensión fundamental del habitar dentro de la morada, considerando el ‘’afuera’’ como el lugar para el encuentro social y para el establecimiento de vínculos significativos con el territorio. Si bien en las políticas públicas se entregan áreas verdes, o lo que más bien podríamos llamar “áreas cafés”, esta disposición y estos espacios carecen de posibilidades de verdadera apropiación.

La informalidad en este caso, representada en la quebrada, se presenta de distintas formas y métodos en todos estos tipos de barrios sociales, donde el común denominador resulta ser muchas veces, la búsqueda de un espacio fuera de la morada, reconquistando espacios olvidados, estigmatizados.

Entonces, ¿es necesario seguir buscando la calidad de vida dentro de los metros cuadrados que dispone la vivienda social? Quizá ahora es necesario repensar el diseño del barrio, en función de la conquista de estos espacios olvidados y estigmatizados. Comenzar a pensar dejando los metros de techo, y pensando en el asentamiento de la puerta hacia afuera. La misma negación de las “plazas impuestas” sobre los barrios estigmatizados como callamperios, se basa en el nulo reconocimiento de los verdaderos espacios vinculatorios barriales, en donde la falta de políticas de urbanismo, no propician un espacio público como soporte físico del encuentro comunitario, una reconquista del sitio olvidado.

 

Imagen 1

REFERENCIAS

Ibáñez, E. D. (1996). Sociología del arraigo. Una lectura crítica de la teoría de la ciudad. Buenos Aires: Claridad.

Rodríguez, Alfredo y Sugranyes, Ana (2004), El problema de vivienda de los “con techo”. [En línea] Scielo. Diciembre 2004. [Fecha de consulta: 15 noviembre 2017]. pp.53-65. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0250-71612004009100004

Orellana, Alejandro (2013). La ciudad rompecabezas y el instrumento solitario. Disponible en http://www.arquls.cl/2013/07/la-ciudad-rompecabezas-y-el-instrumento-solitario/

Jacobs, Jane (1973). Muerte y vida de las grandes ciudades. pp 7. Disponible en : https://issuu.com/nataliayuliano/docs/jacobs jane_-_muerte_y_vida_de_las

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.