Eficiencia Energética y Vivienda Social

Por Rocío Sepúlveda*

La comprensión y reflexión sobre la aplicación de la Eficiencia Energética  (EE) en viviendas sociales básicas requiere distinguir entre tres grandes componentes.

La climatización, se refiere al uso de energía para mantener un clima saludable y de confort al interior de la vivienda. Afectan criterios de diseño como la ventilación de la vivienda; el aislamiento de muros, ventanas, techos y piso; la captación de radiación solar según la posición de la vivienda. También son importantes la calidad de las instalaciones (que determinan las infiltraciones de aire), los equipos usados para calefaccionar o enfriar y las necesidades específicas de quienes habitan la vivienda.

El ahorro de energía eléctrica, que actualmente es el grueso de la propaganda de la eficiencia energética, está relacionada con la responsabilidad en los hábitos del uso de la vivienda, como por ejemplo apagar y/o desenchufar electrodomésticos cuando no están siendo usados. También se relaciona con las tecnologías utilizadas en el hogar: uso de ampolletas de bajo consumo, escoger electrodomésticos con calificación A, uso de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), entre otros.

La sustentabilidad, que está vinculada a las formas culturales, el territorio donde está ubicada la vivienda y las relaciones sociales que se construyen en relación a quienes habitan en la vivienda y su vínculo territorial, que apuntan a cambios de convivencia de uso y consumo. Estos cambios permiten abordar la EE desde un compromiso ambiental de hábitos sustentables, como el reciclaje de basura, uso de bicicleta o el transporte compartido, los huertos en casa o comunitario, el uso de bolsas de tela, el consumo de producción local, etc.

Es relevante abordar los componentes detallados como un entramado complementario y potenciado entre ellos. Es decir, que la suma de los tres en la acción de ideación, análisis, diseño, implementación y evaluación, da como resultado viviendas con eficacia en eficiencia energética.

En el caso de la EE enmarcada en el ámbito de la vivienda social básica, es necesario considerar que una dificultad para el acceso o habilitación de una vivienda con EE es el alto costo, debido a que el diseño y equipamiento de una vivienda con estas características requiere mayor inversión. Por lo cual ha tomado un carácter de necesidad o problema social, existiendo actualmente un compromiso por parte del Ministerio de Energía, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo y las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), en el que hemos decidido aportar, en el acceso a viviendas sociales básicas con EE.

Si lo que se busca es abordar el impacto, podemos considerar evaluar la calidad de la vivienda según medición de temperatura, contaminación y humedad. Estas variantes están estrechamente relacionadas con la salud y calidad de vida de quienes habitan una vivienda. A modo de ejemplo, el invierno es la estación del año donde suelen bajar las temperaturas, aumentar la contaminación y disminuir la ventilación para mantener la calefacción en mayor medida. Como consecuencia, la deficiencia o falta de eficiencia en estas condiciones tiene consecuencias en enfermedades de carácter viral como las broncopulmonares, en su tratamiento y sanación. Es clave entonces visibilizar que esta realidad podría mejorar con viviendas eficientes energéticamente, mejorando la salud y calidad de vida de la población.

Pero no todo está resuelto con la mejora del acceso y oferta de servicios de EE para la vivienda social. También el componente educación es crucial para que el uso y mantención de una vivienda con las características de EE sea una acción efectiva y satisfactoria. En este sentido, un programa de educación energética no es equivalente a la entrega de un instructivo teórico o técnico a quienes reciben las viviendas sociales, ya que esta acción mantiene la brecha entre las viviendas y quienes las habitan.

Se requiere una intervención basada en la educación continua entre quien está facilitando el servicio y quien está siendo beneficiada o beneficiado por él, donde se valide la experiencia de quienes habitan la vivienda y se promueva el empoderamiento de estas y estos en la construcción del concepto de eficiencia energética acorde a su realidad territorial, social y ambiental, haciéndoles protagonistas de la elaboración del proyecto de eficiencia energética desde su concepción hasta su ejecución. Solo así la EE cobrará un sentido y se mantendrá en el tiempo, considerando que probablemente las beneficiarias no tengan cómo pagar asesorías técnicas en el futuro.

Aún queda mucho por crear para que la pobreza energética deje de ser una condición estructural de la vivienda social básica.

 

*Rocío Sepúlveda,  Socia de la Cooperativa de Trabajo Red-Genera, Responsable del área Socio Pedagógica.

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