Déficit habitacional en Chile: ¿La necesidad de construir nuevas viviendas?

Por Salvador Ferrer Briceño *

El pasado 18 de julio, el MINVU entregó las cifras correspondientes al déficit habitacional en Chile, a partir de los datos obtenidos mediante el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2017. Desde entonces, diversas personas y medios de comunicación que se han hecho parte de la noticia y el debate, han asumido y naturalizado la idea de que para superar el déficit habitacional “se deben construir” 393.613 unidades de vivienda. Incluso, aventurándose a señalar cómo y quiénes deben asumir esa tarea.

Sin embargo, el déficit habitacional cuantitativo no expresa cuántas viviendas se deben construir, sino más bien la magnitud de los requerimientos de vivienda existentes en el país. Ya sea porque las unidades habitacionales son definidas como irrecuperables; porque los hogares se encuentran en situación de allegamiento, o bien, porque se identifican núcleos familiares allegados, hacinados e independientes, sabemos que se requieren al menos 393.613 viviendas -aunque no necesariamente nuevas-.

Si bien el concepto de “déficit habitacional” lleva a suponer que en un determinado contexto faltan viviendas, es preciso constatar que en Chile hay más viviendas que hogares. De hecho, descontando las “viviendas irrecuperables”, es posible estimar un parque de aproximadamente 6.266.422 unidades mínimamente “aptas”[1], en relación a 5.651.637 hogares. De tal modo, considerando la población del país, hablamos de un promedio de 2,8 personas por vivienda y 0,9 hogares por vivienda.

Así, constantando la existencia de requerimientos de vivienda en un contexto de “superávit habitacional”, se torna imprescindible analizar las condiciones de ocupación de las unidades habitacionales existentes en el país. En este sentido, los datos del Censo permiten identificar un antecedente altamente relevante aunque bastante menos difundido: en Chile hay 393.613 hogares sin vivienda[2] y 665.908 viviendas sin hogares[3]. Esto significa que, al menos teóricamente, el déficit podría resolverse sin construir vivienda alguna.

Esto nos lleva a reconocer que estructuralmente no existe escasez de viviendas, sino que hay condiciones inequitativas entre los hogares respecto al acceso y acumulación de este tipo de bienes. De tal manera, la confrontación entre las necesidades habitacionales y la subutilización del parque habitacional, constituyen en efecto una potente medida de la desigualdad social.

Con todo, ante el desafío prioritario de producir avances sociales, en lugar de operaciones de negocios, es relevante señalar algunas propuestas importantes con el fin de encaminar respuestas ante la indisponibilidad de viviendas para determinados hogares del país -en el marco del actual contexto político institucional y matizando la supuesta equivalencia entre déficit y necesidad de construir-:

  1. Volcar la mirada al parque habitacional existente y subutilizado: De acuerdo al Censo, existe una proporción importante del viviendas disponibles para arriendo o adquisición, así como unidades en situación de abandono. Dirigirse al parque construido, posibilita habilitar stock sin adicionar suelo a la ciudad, evita procesos de desarraigo por erradicación y restringe la generación de nuevos costos sociales y urbanos. El empleo de modelos de gestión pública que triangulen la adquisición, el mejoramiento y el arrendamiento de inmuebles, podría permitir la reducción de una cuarta parte del déficit, sin todavía construir ninguna vivienda.
  1. Abordar el allegamiento con compromiso, creatividad y pertinencia: Un 60,2% de los requerimientos habitacionales se explica por allegamiento externo e interno. En este ámbito, la alta valorización de la localización en la ciudad y la preservación de redes y vínculos familiares, sociales e institucionales, incluso en detrimento de la calidad de vida residencial, explican en gran medida la persistencia de este fenómeno. Por ello, es necesario repensar y adoptar iniciativas que permitan adecuar las condiciones habitacionales a las necesidades familiares y de localización existentes, mediante proyectos de ampliación, densificación de lotes u otros de similar alcance[4]. Es decir, proyectos ad hoc, a una escala acotada.
  1. Dar relevancia a las necesidades habitacionales en pequeñas localidades y contextos rurales: Al analizar la incidencia comunal del déficit habitacional cuantitativo en términos relativos[5], son las comunas de menos de 10.000 habitantes aquellas que registran la mayor incidencia del problema[6]. En comunas como General Lagos o Camarones, el déficit habitacional representa el 64,3% y 43,6% del total de hogares respectivamente[7]. En este tipo de casos, el principal desafío consiste en posibilitar efectivamente la construcción de viviendas en lugares distantes a la oferta de mercado.
  1. Preservar el parque residencial existente: De acuerdo a CASEN 2015, el 20,7% de las viviendas del país presenta deficiencias en su materialidad y conservación, siendo el componente más extendido del déficit cualitativo de viviendas. Pese a la magnitud de la cifra, se trata de una medición muy restrictiva y, por lo tanto, de un resultado que subrepresenta ampliamente el problema habitacional real. Por ello, es fundamental actuar con decisión para que la obsolescencia habitacional no amplíe la cantidad de hogares en déficit.

¿Qué aspectos considera usted relevante añadir?

 


[*] Sociólogo, Universidad Central de Chile. Magíster en Urbanismo, Universidad de Chile.

[1] Estimación propia, a partir del total de viviendas particulares identificadas por el Censo 2017, excluidas las categorías “Mediagua, mejora, rancho o choza”, “Vivienda Móvil (carpa, casa rodante o similar)” u “Otro tipo de vivienda particular” y la proporción de Viviendas con Índice de Materialidad Irrecuperable, de acuerdo a la magnitud observada en viviendas particulares ocupadas con moradores presentes.

[2] Pese a que el déficit se expresa en cantidad de viviendas requeridas, su estimación resulta de la suma de hogares allegados (hogares), de Núcleos allegados, hacinados e independientes (es decir, potenciales hogares) y Viviendas irrecuperables, cifra que involucra al menos un hogar.

[3] Esta cifra corresponde a 360.716 viviendas “En Venta, para Arriendo, Abandonadas u otro” y 305.192 viviendas “De temporada (vacacional u otro)”, excluidas las categorías “Mediagua, mejora, rancho o choza”, “Vivienda Móvil (carpa, casa rodante o similar)” u “Otro tipo de vivienda particular”

[4] En este sentido, resultan interesantes las contribuciones realizadas por Tapia, Araos y Salinas y Urrutia, Texidó y Arriagada.

[5] Total de requerimientos por nueva vivienda sobre el total de hogares.

[6] Entre las 74 comunas que superan un déficit cuantitativo equivalente al 10% de la población comunal, 34 tienen menos de 10.000 habitantes

[7] General Lagos (64,3%), Camarones (43,6%), Colchane (43,2%), Putre (38,3%), Ollagüe (34,3%), Huara (29,1%), Camiña (27,7%), Alto Biobío (21,1%), Mejillones (21,0%) y Sierra Gorda (19,6%) y Timaukel (19,5%).

Un comentario sobre “Déficit habitacional en Chile: ¿La necesidad de construir nuevas viviendas?

  • el 21 agosto 2018 a las 14:21
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    Gracias Salvador por esta columna!
    Siempre me asusta la estadística del déficit habitacional. La vivienda no es un producto abstracto; está en la especificidad de cada territorio, en un espacio con personas, historia y hábitos; los números de viviendas no reflejan la complejidad territorial.
    No queremos gente sin casa ni casa sin gente, este grito universal.
    Interesantes las propuestas que vas formulando, Salvador. Ahondemos en ellas. Me apunto.
    Con algo de distancia del subsidio habitacional y sus 40 años de práctica nefasta; con buen trabajo en terreno para recoger las propuestas de las y los habitantes; con el enfoque de los derechos sociales, especialmente el derecho a una vivienda adecuada, y con el aprendizaje de políticas basadas en la solidaridad y el respecto del bien común, sí es posible superar los déficits.

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