El patrimonio desde las personas: una mirada humana al patrimonio del Barrio Obrero y Ferroviario San Eugenio

Por Martín Macías, Geógrafo.

La Región Metropolitana de Santiago posee un patrimonio diverso que abarca desde el ámbito cultural al ámbito social, en sus matices material e inmaterial. Al referirse al aspecto material del patrimonio, un aspecto importante a considerar para entender los procesos de expansión de la ciudad, tiene que ver con la conformación y expansión de la actividad industrial en la región. En este aspecto, el Barrio Obrero y Ferroviario San Eugenio se consolida como uno de los hitos patrimoniales industriales más importantes de la Región de Santiago, al ser este barrio el punto de expansión de las actividades industriales desde la primera mitad del siglo XX.

Ahora, un poco de historia para contextualizar: este barrio nació al alero de la Maestranza de Ferrocarriles San Eugenio, como parte del Ferrocarril de Circunvalación de Santiago, a fines del siglo XIX, dando lugar posteriormente a la diversificación y posterior expansión de la actividad industrial conforme se establecía el auge de la actividad industrial en Chile, destacando la Industria Textil Yarur (1935), pasando en los 70’ a manos del estado y llamándose por ello Machasa; la Ex-Central de Leche (1939), actual Liceo Técnico de la Construcción Víctor Bezanilla Salinas; la Ex-Fábrica de Sacos Almaneda (1937) y la Fábrica Molinera San Cristóbal (1940). Su principal característica, al hablar de diseños arquitectónicos, radica en el predominio del estilo Art Decó, tanto en las viviendas como en las mismas industrias.

A raíz de esta expansión industrial, e influenciado por la Ley de Habitaciones de 1906, se consolidó un modelo de vivienda que se emplazó cercana a las industrias con el fin de abaratar costos de transporte de los obreros, originando la expansión de la mancha urbana de Santiago hacia el sur. La primera manifestación de vivienda se materializó con la Población San Eugenio Viejo o I (1911), siguiéndole posteriormente las poblaciones Yarur, Pedro Montt y Central de Leche (1938), San Eugenio Nuevo o II (1933), Conjunto Habitacional Hermanos Carrera o Colectivos San Eugenio (1937, siendo el único proyecto habitacional en altura) y por último la Población Arauco (1945). Gracias a este fenómeno, se ha podido consolidar un patrimonio diverso ligado al equipamiento, destacando el Estadio Ferroviario Hugo Arqueros (1941), el Cine Septiembre (principios del siglo XX), la Parroquia San Gerardo (1926), la Corporación Mutual de Seguridad Santiago Watt y el Sindicato de Molineros San Cristóbal (1952). Y no hay que dejar de lado su patrimonio intangible, como es el caso de Héctor “el indio” Pavez, uno de los músicos folcloristas más importantes de la nueva canción chilena.

No obstante lo anterior, este patrimonio ha experimentado un proceso de desaparición, conforme la actividad industrial y ferroviaria decayeron en Chile. La Maestranza San Eugenio quedó abandonada, junto con la mayor parte de los hitos industriales del barrio respectivo. Durante muchos años estuvieron abandonadas, ya deteriorándose con el paso del tiempo, y con miras para otros usos; este proceso también ha afectado a su equipamiento, teniendo como principales víctimas al Estadio Ferroviario, desmantelado y completamente desaparecido actualmente producto de un incendio, y el Cine Septiembre, usado como almacenaje de bodegas ilegales. En la actualidad, en el caso de las viviendas, se ha experimentado un proceso de renovación urbana, que busca construir nuevos proyectos inmobiliarios en altura, planificándose principalmente en los terrenos del Estadio Ferroviario. No obstante, la acción de los vecinos, organizados como juntas de vecinos y otras organizaciones ha podido frenar el avance de la especulación inmobiliaria en el barrio.

La organización en conjunto de los vecinos no sólo se ha dado con el fin de frenar la especulación inmobiliaria, como se mencionó anteriormente, sino que además ha podido configurar la puesta en valor de su patrimonio, el cual ha podido de forma exitosa rescatarse y valorizarse. Esta gestión ha sido posible principalmente gracias a la ONG “Vecinos Barrio San Eugenio“, el Colectivo Rescata y otras organizaciones, las que han conformado una gestión comunitaria participativa cuyos frutos han sido la declaración de Zona Típica de la Maestranza San Eugenio y sus instalaciones aledañas del año 2007, y la conformación masificada de diversas actividades alusivas, tales como rutas patrimoniales y actividades barriales locales. Actualmente, esta gestión se ha ampliado, conformándose una Mesa Barrial conjuntamente con la Municipalidad de Santiago, abarcando temas de seguridad, medioambiente y otros; una radio comunitaria; la postulación a diversos proyectos, y la incorporación de vecinos del barrio al Consejo de la Sociedad Civil de Santiago, integrándose a la comunidad barrial de la comuna de Santiago, desarrollando gracias a ello festividades locales como la fiesta de la primavera.

A raíz de lo anterior, el cómo se podrá vincular la gestión comunitaria para planificar y construir la ciudad, es sin duda una interrogante que todos deberemos considerar para rescatar nuestro patrimonio.


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