Idea Política Pública: 20 ideas de arquitectura, ciudad y territorio para Chile

Prólogo Idea Política Pública:

Integralidad como nuevo enfoque
Por: Juan Pablo Urrutia, Nicolás Valencia, Consuelo Araneda y Martín Álvarez

En el ámbito de las políticas públicas en Chile estamos acostumbrados a identificar y enfrentar los problemas de la sociedad desde una mirada monosectorial. En un genuino intento por aislar las variables y así hacer más fácil su comprensión, la mirada se limita a abordar los problemas sectorialmente simplificando el número de factores a considerar. Esta situación no solo genera una brecha entre la dimensión real de lo estudiado y el modelo abstracto construido en su análisis previo a una intervención, sino también en las respuestas formuladas. Son conocidos los casos en que sobre un mismo lugar operan distintos programas desde diferentes ministerios buscando atender un conflicto indivisible pero persiguiendo incluso objetivos contrapuestos, un caso que ilustra esta situación son las ayudas que presta el programa Fondo de Solidaridad e Inversión Social (fosis) del Ministerio de Desarrollo Social para el mejoramiento de viviendas focalizado en la consolidación de redes familiares para superar la pobreza, mientras que al mismo tiempo el Ministerio de Vivienda y Urbanismo ofrece soluciones habitacionales que fomentan la atomización familiar y relocalización, grupos que a la vez se ven beneficiados por inversiones de obras públicas a destiempo de las intervenciones en vivienda y que, en general, persiguen propósitos macroeconómicos por sobre los comunitarios y locales.

Es necesario comprender que los problemas que debe atender la política pública son aquellos que afectan a las personas. Sin embargo, corresponde también considerar que estos dilemas cobran sentido cuando se logra incorporar el contexto donde están ocurriendo, es decir, comprender su situación espacio-temporal. Ello implica la integración de dos dimensiones que suelen ser descartadas tanto en el análisis previo como en la formulación de propuestas y que desconocen el carácter dinámico de los fenómenos relativos a los asentamientos humanos.

La primera dimensión es el contexto espacial, entendida como el territorio y sus respectivas variables; la segunda es la temporal, representada por el momento específico en el que suceden los conflictos. Componentes transversales a toda escala y temática, más allá de las lecturas que cada disciplina pueda realizar. Al dotar de nuevas capas de información el escenario se vuelve más complejo. Estas dimensiones refuerzan la urgencia de entender el carácter multidimensional de las problemáticas, en contraposición al ejercicio tradicional de formulación de políticas públicas, donde, por ejemplo, instituciones gubernamentales y estatales solo atienden problemas aparentemente exclusivos de sus campos de acción. Es imperativo entonces considerar un enfoque integral en la formulación de políticas públicas.

Se podría vislumbrar entonces que se requiere de un enfoque multisectorial, dado que este resolvería todas las aprehensiones ya descritas. Ello no resultaría tan fácil como parece por la simple razón que su naturaleza integradora es precisamente su principal debilidad, ya que supone el trabajo conjunto con otras disciplinas con visiones, lenguaje y maneras diferentes de comprender los fenómenos. Como personas, nuestra formación educativa obligatoria fomenta una visión parcelada del conocimiento y la resolución unidimensional de los problemas, basta pensar en la estructura y organización de asignaturas en la educación escolar para comprender este sesgo formativo.

No obstante, algunas disciplinas en la educación superior hacen la diferencia contando con modelos formativos integradores no sólo de distintas áreas del conocimiento, sino que también incorporando competencias procedimentales y actitudinales a la vez. Así es como las disciplinas proyectuales abren una oportunidad al estar estructuradas como espacios de articulación e integración de diferentes saberes, habilidades y actitudes.

Por ejemplo, la arquitectura como área de conocimiento no pertenece exclusivamente a las ciencias exactas, las humanidades o los conocimientos técnicos. En cambio, la formación en arquitectura las considera dentro de su campo de acción. Esto la sitúa en una posición privilegiada de articulación disciplinar, condición que determina una característica intrínseca en el quehacer de los arquitectos. Además, en las disciplinas proyectuales la pregunta que lidera la creación de conocimiento no es por qué las cosas son así, sino cómo deberían ser. Esta caracterización naturalmente ayuda a desarrollar un enfoque propositivo y proyectual, siempre asociado a un contexto territorial y temporal específico. Validado esto, se entiende el potencial articulador de nuestra disciplina, que no es necesariamente sólo a través del diseño de una edificación entendiendo que la labor del arquitecto abarca ámbitos mucho más allá del proyecto, como por ejemplo la planificación territorial, la gestión socio cultural, la protección del patrimonio entre muchos otros ámbitos de desempeño.

La articulación de áreas y niveles de intervención nos entrega una herramienta que permite y facilita el camino hacia un entendimiento de las políticas públicas no sólo basadas en las personas, sino también en su dimensión territorial y temporal. Un buen ejemplo de ello son las zeis (Zonas Especiales de Interés Social) en Brasil o los pui (Proyectos Urbanos Integrales) de Colombia en donde la política está diseñada para atender graves problemas sociales pero con la capacidad de ajustarse a las necesidades y condiciones específicas de cada lugar.

En estos ejemplos la estrategia está en la articulación de normativas, programas, inversiones y mecanismos de gestión desde los órganos del Estado asociados a la Vivienda, Obras Públicas, Transporte, Salud, Seguridad y Educación entre otros, que en conjunto rehabilitan áreas de la ciudad en deterioro y sumidas en patologías urbanas.

Estos casos internacionales clarifican la necesidad de entender los problemas públicos desde su dimensión territorial y espacial, es por ello y que a modo de ejemplo sobre la esencia multidimensional de las problemáticas aquí abordadas, se decidió manifestar a través de una serie de fotografías en la presentación de cada capítulo. De esta manera hacer evidente que en un mismo territorio están presentes múltiples variables imposibles de disociar entre sí. Para ello se escogió la franja comercial en torno al eje de la Alameda de la comuna de Estación Central, lugar que durante el año 2017 ha levantado la discusión pública respecto de la arquitectura y el desarrollo urbano.

Este escenario con urgencia de contar con propuestas multisectoriales y aventajado para los arquitectos desde un punto de vista disciplinar, ayudaría a entender las políticas públicas como un instrumento que estudia y atiende efectivamente los problemas de una sociedad sin desconocer su dimensión más dinámica y concreta: la ciudad, el hábitat y el territorio.

 


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