Territorialización del arte en Santiago: un espacio más de desigualdad.

Por Felipe Aranda Brown y Natalia Vernal Hurtado.

Santiago se ha construido y reconstruido segregadamente. La explosiva expansión inmobiliaria de la ciudad de la que todos hemos sido testigos durante las últimas dos décadas no ha hecho más que ampliar y ahondar las brechas existentes entre los ciudadanos. De esta manera, el mercado se ha encargado de regular dónde y cómo se vive, estableciendo estándares de calidad de vida distintos de acuerdo a lo que se puede pagar por un vivienda. Así, se han construido grandes y variadas soluciones habitacionales con algunos servicios básicos, pero que en muchos aspectos siguen dependiendo “del centro”[1]: el trabajo, la educación superior, la diversión, el esparcimiento y el arte.

Justamente nuestra intención es poner el foco en estos dos últimos aspectos, el esparcimiento y el arte, los cuales, sin dejar de reconocer la inversión que se realiza año a año por organismos públicos, presenta una alta concentración en sólo un pequeña cantidad de comunas que acaparan gran parte de la oferta  artística de la capital.

Si bien no existen datos concretos sobre distribución del arte en Santiago, hemos tomado la información proporcionada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), quienes por medio de sus estadísticas ofrecen un intento por cuantificar los “espacios culturales” existentes en el país. Dichos datos nos han generado una importante reflexión sobre la desigualdad que existe en cuanto a infraestructura y por consiguiente a la posibilidad de acceso al circuito artístico-cultural en Santiago.

 

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Fuente: Pagina Web Espacios Culturales (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, 2015)

En este directorio de espacios culturales se explicita un total de 429 lugares disponibles dentro de la Región Metropolitana, sin embargo, tan sólo en cinco comunas se concentra el 53,1% (228) del total de la oferta, mientras que el otro 47% se divide entre las 47 comunas restantes. Es así, como lo que respecta a oferta artística-cultural o de esparcimiento de carácter estable, esta se organiza de acuerdo al modelo centro-periferia, reduciendo los beneficios de estos espacios a quienes viven cerca de dichos lugares, provocando un efecto de aislamiento y desventaja para aquellos que no cuentan con esta clase de sitios cercanos a sus hogares siendo finalmente  excluidos del circuito artístico-cultural. Quienes si asisten a dichos eventos, deben trasladarse grandes distancias efectuando un gran gasto en concepto de transporte (público o privado) además de la gran cantidad de tiempo que esto significa.

También es importante el tipo de contenido que albergan estos lugares,  donde  se observa que las comunas “centrales” poseen  gran diversidad y especificidad de “espacios culturales”. Lo contrario ocurre en  comunas más alejadas en que  sus espacios culturales a duras penas  se reducen a una biblioteca municipal.   Hay que recordar,  que para cualquier tipo de manifestación es necesario una infraestructura adecuada, por tanto si esta es insuficiente o inexistente las posibilidades y la calidad de acceso se reducen considerablemente. De este modo, la distribución de los espacios artísticos o de esparcimiento no sólo afecta al usuario-espectador, sino también a los trabajadores del rubro, quienes deben movilizarse hacia el centro para ejercer, siendo, a la vez, víctimas y actores de este circuito artístico segregador y elitista.

Sabemos que nuestra sociedad valora el arte y lo considera en si una necesidad, muestra de aquello, es la gran cantidad de fondos (Fondart) que el Estado se ve obligado a destinar anualmente para proyectos en los cuales artistas o interesados en el arte buscan dar satisfacción a  este tópico, o cómo con la debida promoción un grupo de rock puede llenar el Estadio Bicentenario de La Florida. No podemos excluir de este análisis  el paradigma de la calidad de vida, entendida como el “[…] propósito superior de las políticas públicas que aparece asociada a la satisfacción del conjunto de necesidades que se relacionan con la existencia y bienestar de los ciudadanos.” (Leva, 2016).  El acceso al arte se convierte,  en parte indisoluble de una mejor calidad de vida, siendo la ciudad, el soporte que sustente el acceso igualitario. Por ende, esta negativa distribución de estos espacios, no  es más que el resultado de políticas públicas que han tenido énfasis en potenciar una ciudad tremendamente desigual y que en su paradigma no dan cabida a cuestionarse estas temáticas, quizás por ignorancia, por costos, por no considerarlo una prioridad, o peor aún, porque las políticas de desigualdad son parte constitutiva del modelo neoliberal.

Por tanto si queremos construir una ciudad verdaderamente para y con los ciudadanos es indispensable incluir el arte y el esparcimiento como parte constituyente de esta y donde los espacio locales y alejados de los centros de poder tengan un real acceso.

Sobre los autores:

  • Felipe Aranda Brown: Músico, Estudiante de Pedagogía en Música, Miembro de Compañía de teatro Callejero La Difunta.
  • Natalia Vernal Hurtado: Licenciada en Antropología Social, Miembro activo Observatorio Cité.

 

Referencias

  • Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. (Abril de 2015). Espacios culturales. Recuperado el 15 de junio 2016, de CNCA: www.espaciosculturales.cl
  • Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. (03 de Junio de 2016). CNCA. Obtenido de http://www.cultura.gob.cl/
  • (22 de Junio de 2016). Instituto de estudios Urbanos. Obtenido de Indicadores de Calidad de Vida: http://institutodeestudiosurbanos.info/dmdocuments/cendocieu/coleccion_digital/Observatorios_Urbanos/Indicadores_Calidad_Vida-Leva_G-2005.pdf

[1] Cuando nos referimos al centro hablamos dentro del modelo centro periferia. En el cual el centro no sólo refiere al centro geográfico, sino al centro que contiene el poder institucional y económico.


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