Se queda la informalidad para crear mejor formalidad

Por Berenice Chiguay Gallardo estudiante en proceso de título, U. de Valparaíso, becaria del Fondecyt.

En Valparaíso, donde prevalece la apropiación urbana informal en gran parte de sus periferias y el plan, el Centro de Investigaciones de Vulnerabilidades e Informalidades Territoriales (CINVIT) reconoce la Tríada de la apropiación informal que conforma la urbanización emergente de la ciudad. Los tres tipos de informalidad son: el hábitat informal, la apropiación del espacio público y la economía informal.

El hábitat informal se puede apreciar en las zonas más altas de los cerros en Valparaíso tales como: sectores de asentamiento de viviendas autoconstruidas que no poseen bienes y servicios básicos, accesos a las viviendas, espacios públicos e infraestructura ausente, además de la poca movilidad que conecte con el resto de la ciudad.

La apropiación del espacio público se distingue en la autoconstrucción de lugares por los residentes de un asentamiento informal o formal, que al ver la necesidad de un sitio de encuentro social colectivo para el ocio y/o la recreación estiman un espacio no habitado y público, disponiendo de él para las actividades que quieran realizar, es el caso de las canchas en las quebradas a la altura de la Avenida Alemania de la ciudad.

El tercer componente es la economía informal, se observa en el plan de Valparaíso y se hacen las propuestas acabadas referentes a él en algunas zonas más densas como lo es el eje Uruguay. Conlleva el trabajo informal y la venta informal de productos, además de su colocación y realización en zonas no establecidas por la ley y/o las autoridades.

Para entender la economía informal, la Avenida Uruguay es una buena representación. A lo largo de esta calle existe un gran número de puestos informales ambulantes que se instalan a diario, allí cada vendedor se posiciona en un espacio definido en la vereda de esta avenida o en las esquinas de las calles que la cruzan.

No es la cantidad de puestos lo que genera el problema o las fricciones sociales en esta práctica informal, sino la dimensión no regulada del espacio habitado durante el día, es la mercancía desplegada en el área de vereda que alcanza por poco los dos tercios de ancho en las veredas en un segmento importante de la avenida lo que dificulta la movilidad peatonal, que si ya se ve disminuida por la vehicular, aún más con este tipo de informalidad.

La eliminación de la informalidad en la tríada informal se descarta como opción por lo que se propone reordenar la Avenida Uruguay en base a elementos existentes como los puestos, la mercancía expuesta y situaciones cotidianas que pueden aportar soluciones.

Se establece la relación entre lo formal e informal, sin que supere lo uno a lo otro, se requiere destacar los atributos de lo informal ya que poseen gran capacidad de adaptación y dinamismo en su asentamiento según su contexto. La finalidad es enriquecer este contexto que es la calle, la Avenida Uruguay, el espacio de la interacción de ciudadanos, vendedores, transeúntes y habitantes con o sin domicilio fijo, por su importante afluente de movilidad peatonal.

Y es el contexto en el que se inserta la informalidad y en este caso la economía, que se genera una vinculación colectiva social en donde se implantan sus propias normas de convivencia, ya sea entre ellos o con el transeúnte. Siendo este último vulnerado en su derecho a caminar al ritmo que quiera por el espacio público que ocupan los puestos, pero es mayor la vulneración al vendedor si viven con la inseguridad de que pueden ser erradicados de su territorio constituido desde hace décadas por las autoridades o entidades estatales al no ser parte de la formalidad.

Para mantener la informalidad en esta avenida se debe definir el espacio de la economía informal y el del transeúnte, dando a los vendedores informales un lugar digno de ser habitado, siendo reutilizado según el momento del día. También dar sitio al resguardo de la mercancía para que se realicen distancias cortas transportándola, y al encuentro y organización entre pares en el mismo. Ayudando de esta forma a fomentar la identidad de colectivo social construido.

Las prácticas descritas buscan mejorar las condiciones de vida de los residentes informales y formales, visibilizando la apropiación y entendiendo que una ciudad autoconstruida por el conocimiento propio del habitante otorga mayor derecho a la misma si se dota de infraestructura necesaria logrando equidad social, para finalizar el ciclo de segregación urbana y proponer en la futura urbanización la integración de la informalidad a través de sus cualidades.

 

 

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