El mundo está en movimiento; Chile está en movimiento: Movimientos de indignados por el hábitat y el territorio.

El mundo está en movimiento; Chile está en movimiento: movimientos de indignados por el hábitat y el territorio.

Por Xenia Fuster Farfán, magíster en Hábitat Residencial.

 

El mundo está en movimiento. El año 2016 se ha tomado los portales internacionales de noticias el movimiento social francés sindicado como Nuit Debout, siendo comparado con el también reciente 15M español (movimiento de los indignados) que permitió cuestionar cómo los gobiernos autodenominados socialistas profundizaban los efectos segregadores del capitalismo. Entre otras características comunes, la más evidente es la ocupación permanente del espacio público icónico para manifestar sus demandas.

Chile no se queda atrás: también está en movimiento. A diario somos partícipes y espectadores de históricas y emergentes indignaciones: la educación, la salud, la violencia, el transporte, la vivienda, el trabajo, entre otras muchas dimensiones que siguen profundizando las segregaciones en el país. Quisiera detenerme en aquellas indignaciones resultantes de vulneraciones a nuestro hábitat y territorio.

Hasta hace pocos años cuando nos referíamos a las problemáticas del hábitat y del territorio salían a la luz los movimientos urbanos que luchan por el derecho a la vivienda, registrados por la academia de manera más formal aquellos que emergen a principios de 1900. Asociados fuertemente a la clase obrera, después de la dictadura militar el “problema de las clases” deja de ser el único discurso unificador, teniendo como resultado que hoy nos enfrentamos a movimientos más diversos, con demandas más amplias referidas a la sustentabilidad y conservación de los territorios, vale decir, la preocupación por el “ahora” se desplaza hacia el “mañana”. Producto de ello, el  año 2011 se tomó las calles chilenas el movimiento contestatario ante la aprobación de HidroAysén, proyecto hidroeléctrico en la región de Aysén,  y constantemente surgen iniciativas en la capital del movimiento No al Alto Maipo, proyecto también hidroeléctrico en la región Metropolitana.

Este año un nuevo movimiento ciudadano irrumpió en las portadas nacionales: aquellos afectados o indignados por los efectos de la marea roja chilota. Este fenómeno ha sido identificado como el más grande de la historia chilena, donde se vuelve a poner en duda y en tensión los perjuicios de las empresas extractoras en el territorio, que en un sistema capitalista como el chileno se acoplan adecuada y cómodamente al modelo de desarrollo del país.

Se declara la zona de catástrofe y se prohíbe la pesca. Ante eso el gobierno ofrece un bono para paliar los efectos que esto podría traer a pescadores o trabajadores asociados con el mar. Intentar apaciguar un grave problema medio ambiental con un bono, detona el estallido de protestas constantes, que van desde marchas en distintas ciudades del país hasta el bloqueo del acceso a Chiloé, haciendo que un problema de un sector de la población se vuelva el problema de una ciudad y país completo. Al igual que Nuit Debout y 15M, se revindica el espacio público como un escenario esencial para manifestar los desacuerdos con las acciones políticas.

A pesar de llegar a un acuerdo  con las 15 comunas afectadas, este emergente movimiento nos devela las nuevas preocupaciones e indignaciones sobre el hábitat y territorio de los chilenos, y las cada vez más dificultades para transar aquellas dimensiones que afectan el futuro de las próximas generaciones. En mi opinión, también es una expresión del cansancio social que este modelo genera, donde los ganadores no se cansan de ganar, pero los perdedores nos cansamos de perder.


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